La encontré mirando el piso mientras esperábamos las pizzas. Yo estaba un poco avergonzada por haber entendido mal el código gestual y haber conseguido diez litros de gaseosa en vez de cuatro de jugo. Seis litros de diferencia... Y en eso estaba cuando su brillo me llamó la atención desde un cantero vacío, y no tuve más que levantarla para, a pesar de la vergüenza y del mal cálculo, sonreir.
Igual un poco se me fue la sonrisa cuando me di cuenta que era una tuerca y no una arandela, pero la voy a poner en un collarcito, por ser mi arandelatuerca de cumpleaños.
Recién se me cayó y creí que la perdía, pero la atajó Cortázar.
eso! quiero que me prestes ese librou
ResponderEliminarLa coca estaba riquísima, y las tuercas sueñan con poder algún día convertirse en arandelas.
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