¿Será que el martes es el día para encontrar arandelas? Porque esa vez estoy segura que al rato salía para Once, a conseguir las remeras y la tela para encuadernar la entrega de tipografía, y mientras iba para alguna sombrita de esas que están entre el río y la facu, abajo de un árbol, mirando a los chicos encuadrando porciones de edificio para sus esquicios, me guiñó un ojo mientras bajaba por la escalera.
Yo no sé si habré alterado algún boceto, o si alguno de los que estaba ahí se había percatado de la plateada presencia, quizás sin saberlo desaté un huracán en Taiwán...
Igual me parece que no pasó nada, porque el ratón que husmeaba entre la basura y las bolsas, ese que no se dio cuenta que desde arriba, sentada en el borde de la pared, yo lo estaba mirando, ni se dio por enterado.